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Homeostasis III: la respuesta inmune

Diversidad de los sistemas
inmunes

Defensas no específicas
La respuesta inmune
específica o adaptativa

Los linfocitos B y la
formación de anticuerpos

Los linfocitos T y la
inmunidad mediada por
células

El cáncer y la respuesta
inmune

Trasplantes de tejido
Patologías del sistema
inmune

Aplicaciones
inmunoterapéuticas

Capítulo 45. Homeostasis III: la respuesta inmune

Patologías del sistema inmune

Habitualmente, el sistema inmune puede distinguir entre lo propio y lo no propio. Sin embargo, este reconocimiento ocasionalmente falla y el sistema inmune ataca a las células del cuerpo dando lugar a una patología de tipo autoinmune.

En algunas de las enfermedades hasta hoy reconocidas, el proceso es mediado por la producción de "autoanticuerpos" que reconocen proteínas § de la superficie celular. Otras veces, la enfermedad autoinmune está mediada por linfocitos T § autorreactivos. Algunas de las enfermedades autoinmunes son la Miastenia gravis, el Lupus eritematoso sistémico y la anemia hemolítica autoinmune.

El tratamiento médico de estas patologías tiende a controlar la respuesta inmune de manera general, por lo que se utilizan drogas antiinflamatorias e inmunosupresoras. Se cree que los tratamientos que puedan inhibir los clones § autorreactivos serán la terapia del futuro.

En algunas oportunidades, el sistema inmune reacciona frente a sustancias aparentemente inofensivas. La fiebre del heno y otras alergias son el resultado de la respuesta inmune al polen §, al polvo o a algunos alimentos, que son antígenos § débiles a los cuales la mayoría de los individuos no reaccionan. En otros individuos, la respuesta es de tal magnitud que resulta nociva para el organismo; se la ha denominado reacción de hipersensibilidad o alergia.

En un primer contacto con el antígeno, no se manifiesta ningún tipo de reacción pero, tras una segunda exposición a ese antígeno, se pone de manifiesto una reacción inflamatoria rápida.

Los sistemas antigénicos responsables son denominados alergenos y en condiciones normales no inducen ninguna respuesta. La exposición al alergeno origina una respuesta con activación de ciertos linfocitos T colaboradores. Éstos activan a los linfocitos B §, con la producción de anticuerpos IgE por células plasmáticas específicas y formación de las células de memoria. Al reexponerse al mismo antígeno, se forman más anticuerpos IgE. Estos anticuerpos permanecen poco tiempo en circulación. La unión posterior del antígeno a estos anticuerpos unidos provoca cambios en la membrana celular con la liberación de diversas mediadores que inducen una respuesta inflamatoria.

Pueden resultar reacciones sistémicas si los mastocitos y otros basófilos descargan sus productos químicos en la circulación, lo que provoca una dilatación de los vasos sanguíneos lo que, a su vez, lleva a una caída potencialmente peligrosa en la presión sanguínea y a la contracción de la musculatura lisa de los bronquiolos. Este síndrome se conoce como "shock" anafiláctico.

Los antihistamínicos contrarrestan el efecto de la histamina por bloqueo de los receptores específicos. Así, suprimen parte de los síntomas de una reacción alérgica.

Existe un grupo heterogéneo de enfermedades surgidas como consecuencia de defectos del sistema inmune denominadas inmunodeficiencias. Las inmunodeficiencias pueden ser originadas por defectos genéticos o pueden ser producidas por una causa adquirida, como por ejemplo, la infección por el virus § HIV, agente causal del síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA) o como consecuencia de malnutrición e incluso de estrés o depresión.

Los individuos portadores de una inmunodeficiencia tienden a padecer infecciones en forma repetida.

El SIDA fue identificado por primera vez en 1981. En tres años se aisló y caracterizó al virus responsable. Desde entonces, sus efectos principales sobre el sistema inmune han sido determinados, se han identificado sus posibles orígenes y se han constatado sus modos de transmisión. El virus del SIDA es un retrovirus § conocido formalmente como virus de la inmunodeficiencia humana (HIV) y es un virus particularmente complejo.

Estructura del virus HIV.

El núcleo interno contiene dos moléculas de RNA, acompañadas por dos o más moléculas de la enzima § transcriptasa inversa. Rodeando al core se encuentran envolturas formadas por dos proteínas distintas. Éstas, a su vez, están rodeadas por una bicapa lipídica que deriva de la membrana celular de la célula hospedadora en la que el virus previamente se replicó. Atravesando esta membrana se encuentran las glucoproteínas de superficie que se unen a receptores celulares y permiten el ingreso del virus a la célula hospedadora.

El retrovirus responsable del SIDA invade y destruye las células T colaboradoras, dejando al sistema inmune de la víctima incapaz para responder a otras infecciones o a células malignas. En las etapas finales de la enfermedad, invade a otras células y tejidos del cuerpo, incluidos los del sistema nervioso. El virus HIV está presente en altos niveles en la sangre y en el semen de los individuos infectados y se transmite por contacto sexual (heterosexual u homosexual, oral, vaginal o anal) y a través del intercambio de sangre o de productos de la sangre.

Las secuencias de nucleótidos del RNA del virus HIV ya han sido determinadas, y se identificaron también secuencias para las varias proteínas de su cubierta. Se está utilizando tecnología de DNA recombinante para crear vacunas sintéticas contra el virus. Sin embargo, los anticuerpos sintetizados por los linfocitos B son inefectivos para controlar la infección y esto sugiere que la obtención de una vacuna realmente protectora puede ser extraordinariamente difícil. La tarea también se complica por la alta tasa de mutación de los genes que codifican la parte clave de la cubierta proteica.

Las pruebas para detectar los anticuerpos contra HIV suministraron un modo de identificar la sangre de donantes portadores del virus y aseguran ahora un alto nivel de protección para el suministro de sangre. En consecuencia, el número de nuevos casos de SIDA en los receptores de transfusiones y en los hemofílicos ha disminuido. La dispersión del virus en las poblaciones de homosexuales también se ha reducido de manera significativa, en parte, porque los individuos más susceptibles ya habían contraído la enfermedad y, tal vez lo más importante, a raíz de campañas educativas y cambios en las prácticas sexuales. Actualmente, el incremento mayor de nuevos casos está ocurriendo entre los drogadictos que comparten agujas, sus parejas sexuales y sus hijos.

En los últimos años, se han obtenido importantes logros en relación con los tratamientos. En la actualidad, la terapia está dirigida fundamentalmente al uso combinado de inhibidores de proteasas junto con dideoxinucleósidos. Los dideoxiderivados inhiben la transcriptasa inversa impidiendo la producción del DNA necesario para la integración del material genético del virus al genoma de la células del hospedador.

Se han combinado las terapias mencionadas con agentes antivirales, combinación que ha permitido una reducción de la carga viral del paciente en un 99% en un corto tiempo. Esto ha alentado a los investigadores a pensar que la enfermedad podría, en un futuro no muy lejano, convertirse de una enfermedad mortal en una infección crónica. Sin embargo, la enorme capacidad de mutación que presenta el virus hace difícil predecir el mañana. Otro hallazgo importante ha sido la identificación de diversos inhibidores de quimoquinas sobre la capacidad de infección del HIV, lo que permitiría el desarrollo de nuevas estrategias inmunoterapéuticas.

 

Autoevaluación del capítulo 45

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